Debido a mi apretada agenda, no he tenido oportunidad de actualizar el blog en toda la semana (tuve las fiestas del colegio donde estudio, exámenes, música... en fin, de todo).
La clase de la semana pasada no fué muy relevante: monté a Sultán y fue una clase estupenda.
Esta sábado sí que ha sido genial.
Llegué un poco tarde, y tuve que rodear todo el picadero cubierto corriendo y cruzar la cuadra a paso ligero. Cuando llegué al picadero de fuera, me esperaba una sorpresa: ¡Beti llevaba casco!
Antes de que pudiera preguntar, me ayudaron a subir a Sultán, y ante mis atónitos ojos, nos fueron llamando uno por uno para salir a dar una paseo.
Así que sobre las doce menos cinco de hoy, una convoy de diez caballos formado por cuatro niños, tres adolescentes y tres mujeres recorría Deva, ante la curiosa mirada de dos parejas, un matrimonio con dos niñas y una boda, cuyos invitados nos miraron, curiosos, desde la puerta de la iglesia.
El tiempo era fantástico: hacía calor, pero no demasiado, y al estar el cielo algo nublado, el sol no nos molestaba.
Excepto un altercado entre Dakota y un perro con una laaaarga correa y muy malas pulgas; y un coche realmente insoportable que nos escoltó durante un largo rato, acelerando con un motor ruidoso y frenando con un chirrido a intervalos, el delicioso paseo transcurrió sin ningún incidente, por el camino peatonal que recorre la orilla del río.
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